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23 abril 1994 § Deja un comentario

Espero un autobús que llegará más tarde que mi muerte.
El tiempo se descuelga por las manecillas de un reloj blando
y los viejos enfermos se secan al sol en las ventanas.
El tedio llega como un amigo de brazos viscosos,
causando nauseas y tumores malignos.
Mis manos inventan juegos absurdos
evitando golpear a la gente que espera conmigo,
mis manos amagan ahogar al niño que agita la señal de stop,
mis ojos miran al suelo. En el suelo se refleja mi mirada
y la mirada de los otros mirando al suelo.
El viento esquiva mi ropa barata y se encostra bajo mi piel.

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